Me miré en una caricia,
mordí y mastiqué tu aliento.
Me refugié en un desierto sin arena,
me abrigué en un nombre nuevo,
y fui el pintor del agua y el escritor del lienzo.
Derretí la escarcha de mis alas
cuando sentí contra el mío tu sexo.
Y le puse palabras a los besos,
y con rúbricas de saliva salvaje
garabateaste mi cuerpo.
Oh! tesoro sin cofre,
divina la cerradura sin llave.
Frenesí en el pecho y oleaje en el cuerpo.
Graznidos de gaviotas,
gritos que desenfrenados ruborizan al silencio.
Hacer el amor en la tierra
para despedirse en el cielo.
jueves, 24 de febrero de 2011
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