
En este nuevo articulo del blog voy a explicar mas detalladamente la aventura que viví en la
Sierra de Gredos y que solo os conté un poco en otro articulo anterior:
Yó vivía en
Mijares y recorria casi todos los días sus montañas mas próximas o incluso me iba en bici a otros pueblos y subía las montañas de estos. Pero como había recorrido todo lo principal que había por allí, se me metió en la cabeza que tenía que recorrer una parte de la sierra oriental de la
Sierra de Gredos que todavía no había recorrido porque quería conocerla bien. Mi obsesión era conocer y recorrer todo lo que había por allí. Me tiré varios días pensando en la azaña que quería hacer. A veces pensaba que era una locura por si me quedaba por allí tirado sin saber incluso a donde me metería. Después de varias semanas comiendome el coco llego el gran dia el cual nunca olvidaré, sobre todo porque a raiz de eso tengo una secuela en mi pierna izquierda como yá dije. Pero me sentí muy orgulloso de haber recorrido algo tan complicado como lo que hice:
Me levante a las 5 de la mañana y cogí el autobús a las 6:20 desde
Mijares hasta
Sotillo de la Adrada. Allí empezó la aventura que sería llegar hasta
Mijares por la cuerda montañosa. Para eso me subí de
Sotillo de la Adrada hasta el magnífico pueblo de
Casillas. Luego subí de
Casillas hasta el
Puerto de Casillas que me costó bastante localizarlo yá que pregunté a un señor mayor que estaba por allí por donde se iba a tal sitio. Una vez en el
Puerto de Casillas ya me encontraba en la cuerda montañosa de Gredos. Entonces me salté una valla que había allí y hay empezó lo mas fuerte de mi aventura. Primero tenía que subir a la montaña de la
Escusa de unos 1959 metros la cual heché los higadillos . Una vez allí arriba lo intenté pensar mejor, y era si iba a concluir la aventura o bajarme a
Sotillo de la Adrada y coger un autobús a
Mijares (tenía que cruzar 3 pueblos por la cuerda montañosa). Llamé incluso a mi padre y me dijo que no lo hiciera y que estaba muy preocupado (el estaba conmigo en
Mijares viviendo aquellos días). Tras un largo descanso en la gran montaña de la
Escusa me decidí no muy convencido a seguir la azaña y si viera que la cosa se pusiera fea volverme para atrás y punto. Pero seguí y yá no paré. La tónica constante fue subir y bajar una montaña tras otra que me encontraba. Parecía interminable. Tenia que andar entre embrollosos piornos, pequeñas y grandes piedras en incluso pasar al lado de serpientes. Cuando llegué al
Puerto de Piedralaves perdí antes las botellas de agua que tenía mal enganchadas a mi mochila y bebí de los charcos que habían por allí. La sed me complicó aún mas el trayecto. Luego subí a la gran montaña
Lanchamala de 2003 metros de altitud que es la foto de arriba de este texto (allí me encontré a unas cabras muy cariñosas que se peleaban por acariciarme y no estaba el pastor). A partir de aquí me empezaron a faltar las fuerzas pero tenía que acabar como fuese. A partir de este punto del recorrido anduve lo mas difícil del trayecto. Pensé que me quedaba allí entre tanta roca y piornos, porque no encontraba un acceso para salir de aquel infierno. Pero logré salir y una vez en la montaña
Mojón Cimero me empezaron a fallar las piernas y sabia que si paraba me iba a enfriar y yá no podría andar hasta el final, así que no paré. Luego bajé hasta el
Puerto del Alacrán a donde habia unas vacas y una de ellas parecía que me quería envestir, pero afortunadamente al final se quedó quieta y pude seguir mi camino. Después de subir y bajar una montaña tras otra llegué casi a la cima de
El Pulpito de 1925 metros porque ya no podía. Además, llevaba varias horas sin beber agua y del agotamiento me paraba a descansar por cada minuto que podía andar. Solo me quedaba bajar el
Pulpito y llegar al
Puerto de Mijares. Ahí me estaba esperando mi padre. Estaba ya anocheciendo y con una linterna le indiqué por donde me encontraba ya que no me podía oír ni ver. Cuando ya llegué, nos dimos un gran abrazo los dos y caí rendido en una amaca que mi padre me tenía preparada allí. Había allí unas personas de Zaragoza que iban a hacer noche en una carabana. Me bebí de una sentá todo el zumo de limón que mi padre me había preparado. Los señores de Zaragoza me dijeron que eso que hice no se ve de hacer todos los días. No pude concluir mi gran aventura que era llegar hasta
Mijares porque estaba que no me podía mover ya que me había quedado frío en la amaca. Pero me quedé satisfecho y contento de lo que había hecho. Faltaban 14 kilómetros de recorrido y me bajó mi padre con el coche hasta
Mijares; yá que el no quería que yo bajára andando hasta allí (sobre todo de noche, aunque llevaba una linterna), por eso me estaba esperando en el
puerto. Fin.